La leyenda de Sor Abeja

timthumb¿Qué tijuanense no recuerda esos días en primaria cuando, sentados formando un círculo, la maestra sacaba ese pequeño libro y relataba los infortunios del pobre y blasfemado Juan Soldado? ¿O de aquella bailarina despechada que, pistola en mano terminó con la vida de su pareja y la propia? No sé cuál daba más miedo para el grupo de enclenques que terminaban aterrados y con ganas de repetir los escalofríos de las narraciones más espeluznantes que un niño fronterizo pueda recordar.

La culpable de nuestros miedos locales tiene un nombre, Olga Vicenta Díaz Castro, “Sor Abeja” para todos, fue quien hace más de cuarenta años publicó su libro Narraciones y leyendas de Tijuana (cuentos, 1973), en donde recoge algunos relatos sobre aparecidos y almas en pena, recurriendo a las leyendas populares y al relato de tradición oral. En la actualiadad este libro cuenta con tres ediciones, siendo la última en 2013.

 Nacida el 21 de julio de 1905 en Río Verde, San Luis Potosí. Sus estudios básicos los realizó en la escuela José María Gaja en Tampico, Tamaulipas. Se consagró como miembro de los grupos de artistas e intelectuales desde muy temprana edad. A sus 44 años empacó sus pertenencias y junto a sus dos hijos emigró a la ciudad de Tijuana. Para cuando llegó a la ciudad en su bibliografía ya figuraban tres libros de poemas con clara inclinación romántica: Olvido, Mariposas y Pétalos; mas fue en 1973 cuando logró convertirse en el ícono de una ciudad formada por leyendas.

Pero es que no es solamente su escritura la que nos hace admirar a esta hija adoptiva de la ciudad como la gran artista que era. Corría el año de 1950, a un año solamente de haberse asentado en la ciudad, y la siempre energética mujer formó un cuadro artístico, presentando una serie de obras teatrales y posteriormente participó con éstas en programas de las emisoras radiofónicas.

En 1953 fundó por cuenta propia el Centro Alfabetizante “Esteban Cantú”, para niños y adultos. Además creó el grupo Alfarez y fue 1956 miembro fundador de la Asociación de Escritores de la Baja California. Quizá es esto lo que más se admira de ella, al menos yo lo hago. Porque su proactividad en una época en donde las mujeres poco a poco iban ganando más igualdad de género, donde el sufragio femenino estaba recién declarado en la nación. Y ella, con paso firme, era un claro ejemplo del poder intelectual que no conoce límites, fue socia activa de la Agrupación Hispana de Escritores de Madrid, España

Mujer polifacética, fue vocal del Seminario de Cultura Mexicana, Secretaria y Tesorera del Instituto de Cultura y Arte Latinoamericano (ICAL A.C) en Tijuana y no conforme, tocaba la guitarra componiendo sus propias canciones. Determinada en todas sus actividades, se le otorgó la Dirección de Acción Cívica y Cultural o a la Galería de la Ciudad, ubicada en el Antiguo Palacio Municipal que hoy es un culto al arte tijuanense.

Quisiera decir, al menos por presunción, que recuerdo cuando conocí a esa señora de cabellera tejido con seda y ojos penetrantes que se volvían más verdes cuando relataba sus fascinantes historias. De sus tardes bohemias, acompañada de sus amigos, que para esos entonces eran los jóvenes centenarios de Tijuana. Ella, con voz rasposa por la cerveza y acompañada de su guitarra, deleitaba al público que presenciaba el esplendor de una de las poetisas que más impacto generó en nuestra tierra.

Ahora está desolada la casa que la cobijó la mitad de su vida en la colonia Los Altos, Sor Abeja, aquella señora de tez blanca y manos frías, murió en 1994. Dejándonos a los tijuanenses su gran legado artístico, como la Feria del Libro de quien fue pionera allá por su primera edición en 1970. En mí antes de partir, dejo un beso y un apretón de mejillas con olor a almizcle junto a un sinnúmero de pesadillas con aquel libro que tan temerosa leía cada noche. Quizá nací muy tarde, o ella se fue muy pronto…

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