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Lo que sucede estimado Christino es lo siguiente: Mucho tiempo te he conocido, pocos años te he querido (en el sentido de querer, querer). Sin embargo esto que diré viene desde lo más recóndito de mí ser; desde el recodo en donde las sístoles parten y las diástoles arriban. Alguna vez conté esa triste historia, una de las pocas que me conmueven al grado de pensar que lloraría, jamás lo hice, nunca lo haré, pero luego de sentir ese fastidioso nudo en mi garganta- cuando la úvula se achicala a tal grado de parecerte grotesco- pienso en profundidad el asunto y estalla una risotada que me da más miedo que despertar cinco minutos antes que la alarma. Y es que, como sabes, mis sentimientos no florecen constantemente. Tal parece que mi persona se ha quedado varada en el hermoso otoño que la vio nacer. A pesar de ello, siempre contemplo con sonrisa genuina cuando alguien tropieza, también cuando sangra (es como si hasta su propia existencia estuviera huyendo de sí), pero a veces siento pesar, y vos lo sabéis muy bien, creo que me conoces más que bien, me conoces mucho muy más bien; no en superlativo, mejor ese barbarismo. Porque somos bárbaros, sin barba, y atrapados en una barbacana. Entonces arrugas tu entrecejo leyendo a la vez que tratas de descifrar a dónde te llevo con todo ésta verborrea, sé que no entiendes este último término; ¡diccionarios querido! O en última instancia usa tu imaginación, igual el vocablo da para mucho. Y de nuevo sientes que no vamos a ningún lado, yo también lo he pensado, así que con risa maquiavélica que ensayo antes de dormir, te diré a qué viene tanta palabrería innata; soy Michelle Torres, me conoces más que los demás, de hecho, lo haces mejor que esa presuntuosa mujer frente al espejo; a pesar de eso, no conoces lo que pienso en su totalidad, y es divertido; si lo conocieras creo que nada de lo que vivimos hubiera funcionado. Yo no funciono. Pero tú sí, y tu sonrisa arrogante lo delata. Porque seguirás leyendo aunque no recuerdes lo que el undécimo renglón dice. Porque es verborrea, ¿una enfermedad léxica quizá?, no, mejor búscalo en la Internet. Sé que eres el anti-libros por excelencia. Pero sí que leerás lo que una pantalla te habla, porque te habla ¿sabes? Justo ahora escuchas mi voz, la que catalogo constantemente de ratón inhalando helio, y vuelves a reír. Porque recuerdas la primera vez que lo dije como excusa para no darte mi número telefónico, esos que usan para controlarnos los que espían, que causan cáncer en algún lugar del cuerpo, o tal vez fuera de él. Escucho el ¨Click¨ de las teclas contra estos gélidos dedos que no pueden detenerse, tarde o temprano lo harán. Pero antes que sea temprano te digo una cosa, de las pocas que me he atrevido a decirles a otros, esto es: Las tortugas sólo dicen la verdad dos veces al día, después sólo mienten.

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Quinientas palabras no fueron nada. Lee más y serás mejor 

La tierra fue muy pequeña para ti, por suerte aún tienes el universo. Verborrea dedicada al que alguna vez llamé con melosidad

(1992-2012 <3)